Érase una vez un bosque mágico

Hoy es habitual acudir a viejas historias para componer nuevos libros. Un buen ejemplo es Érase una vez un bosque mágico, de Chris Riddell. La protagonista es una chica, llamada Capa de Lluvia Verde, de la que pronto sabemos que se dirige a la fiesta que da Rapunzel. En el camino no hace caso a un lobo servicial, a una ancianita que le ofrece una manzana, a un simpático trol; pasa por el castillo de la Bestia, que espera a Bella; encuentra un arpa encantada y duerme en la cabaña de los tres osos; encuentra también a Caperucita roja, a Pulgarcita, a la carroza de Cenicienta en la que va el príncipe; a los tres cerditos, a la bruja de Hansel y Gretel, a los siete enanitos… Y vuelve a encontrárselos a todos en su destino.

El álbum está compuesto con páginas en las que la narración se acompaña de algunas imágenes pequeñas y páginas con ilustraciones grandes que ocupan páginas completas. Hay una doble página a sangre, con texto en un recuadro, cuando se ve la fiesta de Rapunzel. Las ilustraciones son, como acostumbra Riddell, ricas en detalles y, en ellas, las caras de los personajes son muy expresivas. Está compuesta con habilidad la secuencia de las imágenes, para las que se usan marcos diferentes según el relato al que se refiere la historia en cada momento. De más está decir que, para disfrutarla, es importante conocer antes los cuentos a los que se alude.

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