Los viajes de Gulliver (edición resumida)

Ya que hablé, la semana pasada, de una edición adaptada de Robinson Crusoe, pongo ahora otra de los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1667-1745). De más está decir que la obra original es una larga fábula satírico alegórica con la que, al modo en que Cervantes parodió los libros de caballerías, Swift quiso ridiculizar los libros de viajes, tan de moda en su época, atacando su falta de objetividad, y realizar una feroz crítica política (que sigue teniendo actualidad). Pero, por distintos motivos, es una obra que, en sus versiones reducidas, llegó enseguida a ser muy popular entre lectores jóvenes. El protagonista, Gulliver recorre distintos países: Liliput, cuyos habitantes son muy pequeños; Brobdingnag, donde son muy grandes; Laputa, una isla flotante, el país de los sueños, y otros lugares llamados Balnibarbi, Luggnagg, Glubbdurdrib y Japón; y el país de los houyhnhnms, que son caballos.

Gulliver es un puro observador y narrador que, aunque manifiesta el deseo del triunfo de la virtud, saca a la luz los defectos humanos y acentúa lo negativo, como si aquel deseo fuera ilusorio. El éxito de la historia entre jóvenes obedece, por un lado, a que las actitudes de inconformismo y rebeldía contra una situación injusta son en sí mismas muy juveniles, aparte del tratamiento formal que se le dé: fábula, cuento, etc. A esto ha de unirse la verosimilitud del relato, conseguida gracias al estilo sencillo, el tono impasible, las frases simples y multitud de datos que se presentan como objetivos. Otra razón podría estar en que, al margen de cualquier significado político (sistemas corrompidos por las intrigas y las luchas entre partidos), algunas partes de los Viajes de Gulliver tienen niveles de significado interesantes para lectores de cualquier edad: la relatividad con que pueden ser vistas las cosas que normalmente consideramos importantes, la mezquindad que se oculta detrás de algunos pequeños conflictos cotidianos, etc.

En la edición que indico Martin Jenkins resume con acierto la historia y las ilustraciones de Chris Riddell (1962-), un conocido caricaturista político e ilustrador, son excelentes.

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