Las aventuras de Pinocho

Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi (1826-1890), es uno de los grandes libros infantiles de la historia. En él, Geppetto, un viejo carpintero, talla un muñeco de madera que cobra vida y lo llama Pinocho. Pronto demuestra ser caprichoso e insolente y ve que, por dejarse llevar por sus impulsos, sufre diversos contratiempos que, sin embargo, no le sirven para escarmentar. Por último, huye al País de los Juguetes con muchos otros chicos, y termina convertido en asno. Arrojado al mar, acaba en el vientre de un enorme Tiburón, donde se reencuentra con Geppetto y, juntos, logran escapar. Y, ahora sí, Pinocho es un buen hijo que cuida de su padre y, en premio, es convertido en un chico de carne y hueso.

La transformación de un hombre en un animal o un objeto que, a continuación, realiza un viaje iniciático, es un recurso clásico para significar el paso de una situación a otra, o para representar, con la mutación física, la moral. Pinocho es un relato modelo de esta clase, que ha recibido diversas interpretaciones (cuento didáctico, viaje educativo, de aceptación gradual de deberes y responsabilidades y del propio destino) lo que prueba su riqueza de significado y, por tanto, su universalidad y actualidad. Lo cierto es que tiene mucho de fábula, no sólo en sus mensajes morales —amor a y de los padres, rechazo de la mentira y de la holgazanería, etc.—, sino también en sus descripciones irónicas de sucesos y de criaturas fantásticas con sentimientos reales, pero al final no deja de ser una versión más del relato evangélico acerca del hijo pródigo.

Su estilo espontáneo y suelto contrasta con la realidad de su escritura y su edición: Collodi escribió Pinocho con prisas y sin convicción, despreocupado de pulir el lenguaje y urgido numerosas veces por su editor para que continuase la narración, que fue publicada por entregas en una revista para niños. Las interrupciones en su trabajo y las exigencias del cierre de cada número son las causantes de algunas incoherencias y de que su estructura global se resienta. Pero sin embargo, Collodi, que antes había escrito lecturas escolares, logra con Pinocho un relato fresco y divertido de acción rápida, multitud de incidentes y personajes pintorescos que mantienen jugosos diálogos.

La edición que indico cuenta con extraordinarias ilustraciones de Roberto Innocenti. En un libro-entrevista habla de su incomodidad con la película que hizo Disney sobre Pinocho: «Respecto a la película de Disney, me molesta que se hayan apropiado de Pinocho sin siquiera citar al autor. A propósito de eso, puedo contar que recibí una carta de los abogados de Disney en la que me requerían que no emplease el nombre de Pinocho pues afirmaban estar en posesión de su copyright. Me divertí muchísimo respondiéndoles e invitándolos a informarse mejor antes de requerir nada, y a preguntarse si aquella broma era voluntaria o involuntaria». En ese mismo libro explica que la escena que considera la mejor de ese libro es una que muestra una plaza en la que detienen a Gepetto, que tiene su punto de fuga sobre el horizonte, a dos metros del folio: «Lo afronté como si fuera una tesina de arquitectura, con un tesón que nadie me había pedido, como si quisiera ganarme a mí mismo una apuesta. Creo que me sirvió para todas las demás perspectivas que dibujé después de aquella experiencia».

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