El arte de pasarlo bien

El arte de pasarlo bien, de Ximena Maier (1975-), presenta una sucesión de juegos de niños que se describen con una frase breve que acompaña una ilustración a doble página, que a veces es única y a veces está compuesta de varios dibujos consecutivos, con títulos como: «hacer una guarida», «montar un museo», «cocinar tortitas», «hacer un dibujo enorme», «disfrazarse con telas y trapos», etc. Así, hasta «50 ideas para entretenerse con cualquier cosa, en cualquier parte» como anuncia el subtítulo. Hay varias de actividades de interior, unas pocas de actividades urbanas y muchas más de aire libre. En algunas hay referencias visuales reconocibles, por ejemplo a una escena de «Con la muerte en los talones» de Hitchcock en «ver películas antiguas», o al cuadro «Los tres músicos» de Picasso en «visitar un museo», a los diez cañones por banda de Espronceda en «aprenderse un poema de memoria»…

Las figuras tienen mucho dinamismo y desprenden simpatía. Algunas escenas —como «hacer una montaña de hojas secas… y saltar»— parecen pedir, o podrían dar lugar a, una pequeña historia completa. Otras —como «mirar un jardín… con lupa»— recuerdan páginas de Un hoyo es para escarbar. El final, con una pregunta al lector acerca de todos los juegos que se proponen, cumple bien la función de «articular» el libro y darle una cierta unidad. El excelente prólogo de Gregorio Luri indica bien que «no hay un “para qué” en el juego genuino. Al juego no se lo interroga por su sentido. Él es el sentido. Y precisamente por eso educa».

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