Gato y los nuevos inquilinos

Gato y los nuevos inquilinos, de la argentina Mary Solari (1952-), tiene como protagonista y narrador a un gato que observa lo que ve y piensa de una familia que se aloja en la que ha sido hasta el momento su casa. Es un tipo seguro de sí mismo —«no es que yo sea engreído, pero lo cierto es que tengo buen aspecto»—, cuenta cómo se va ganando la confianza primero de los niños de la familia y luego de los adultos, empezando por la madre, pues sabe que,  «salvo raras excepciones, las mujeres tienden a ocuparse más de los animales que los hombres. Todas las generalizaciones son malas, pero podría decirse que los gatos tenemos un cierto atractivo para las humanas de sexo femenino, como bien lo explica Rudyard Kipling en un cuento que tuve oportunidad de oír una vez que una de mis inquilinas se lo leyó a sus hijas» (El gato que andaba siempre solo, contenido en Solo cuentos).

El  planteamiento de Gato es establecer «una clara y limpia relación de negocios. A cambio de que ellos me mantuviesen, yo proveía compañía, belleza y tema de conversación. Creo que es un trato justo: tanto mis inquilinos como yo salíamos ganando». Así que asistiremos a todas sus maniobras de acercamiento y veremos cómo se da cuenta de las tensiones familiares, pues pasan por apuros económicos debido a un accidente que sufre el padre, y cómo decide entonces actuar de forma sorprendente, no sólo para la familia sino también para los lectores.

La narración está bien llevada y la petulancia de Gato acaba siendo simpática e, incluso, bien justificada por sus numerosos talentos. Las referencias a su pasado, junto con algunos comentarios curiosos que hace, azuzan la curiosidad del lector, que irá satisfaciéndose según avanza la historia. Las ilustraciones realistas atraen y enriquecen el relato.

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