El seto de las zarzas

Jill Barklem, una autora inglesa cuyo nombre real era Gillian Gaze (1951-2017), se hizo famosa por sus libros sobre El seto de las zarzas, el lugar donde vive una colonia de ratones. Recientemente se han vuelto a publicar cuatro de ellos: Cuento de primavera, Cuento de verano, Cuento de otoño y Cuento de invierno. Hace años se publicó una edición completa, con todas las historias, que tiene formato rectangular y tamaño relativamente grande, lo que sirve para apreciar mejor las ilustraciones; los libros originales, cada uno con un cuento, eran más pequeños y de formato cuadrado, tal como lo son las ediciones más recientes de cada cuento.

Cuento de primavera trata de la fiesta de cumpleaños de Fermín Largacola; Cuento de verano habla de la boda del señor Polvareda y Amapola Buendía; Cuento de otoño narra cómo se pierde la ratoncita Hortensia y todos salen en su busca; Cuento de invierno es sobre la organización de un Baile de la Nieve; La escalera secreta (The Secret Staircase, 1983) es un descubrimiento que hacen Fermín y Hortensia en el Palacio del Viejo Roble; Las montañas altas (The High Hills, 1986) cuenta una expedición a las montañas, para llevar mantas a unos campesinos, a la que se incorpora Fermín; Cuento de mar (Sea Story, 1990) trata de una expedición, río abajo, hasta el mar, a la que van varios protagonistas de cuentos previos; en Los bebés de Amapola (Poppy’s Babies, 1994) los ratones preparan, por sorpresa, una casa para que vivan Amapola, el señor Polvareda y sus bebés.

Todos son relatos amables con un parecido buscado, en tono y en las ilustraciones, a los cuentos de Beatrix POTTER. Los argumentos no tienen la agudeza de los relatos de Potter pero son simpáticos. Las ilustraciones son extraordinariamente ricas y detalladas: hay muchas imágenes sencillas pero, lo que más llama la atención, son las grandes que presentan escenas de salones enormes o de despensas repletas, o de actividades como banquetes en los que participan muchos personajes, o, en especial, las que muestran cortes transversales de árboles o cuevas en las que se ven pisos y estancias de toda clase.

El prólogo de la autora explica cómo empezó, concibió y realizó sus relatos. Pensó en un mundo de ratones cuya vida fuera una colección de meriendas, reuniones, fiestas y salidas; buscó darle una cierta coherencia, para lo que eliminó conceptos humanos y se inventó un sistema de medición en el que las longitudes se basaban en colas y patas, los pesos en bellotas y granos de trigo, el tiempo en relojes de sol, de vela y de agua; luego se preocupó de que cada flor tuviera el número preciso de pétalos y que creciera en el lugar adecuado; en definitiva, intentó que todo lo que hicieran los ratones fuera más o menos creíble.

Deja un comentario