Awoki y los piratas en playa Escondida

Awoki y los piratas en playa Escondida, de Raquel Míguez, es un relato semejante a los clásicos del pasado sobre chicos en vacaciones a los que les ocurre algo misterioso, pero que, a mitad de la narración, deja los acentos realistas y se transforma en una historia de fantasía.

Su protagonista y narrador es un chico que, después del fallecimiento de su madre, pasa un verano en casa de su abuela Vilma, en un pueblo costero. Hace amistad con un vecino nuevo de su edad, Awoki, que le dice que es neozelandés y que pronto le demostrará que tiene grandes recursos. Ambos observan algunos movimientos en la costa que les extrañan y acaban descubriendo los manejos ilegales de la propietaria de una tienda de animales del pueblo.

La historia es amena y, aunque ambientada hoy, podría desarrollarse años atrás por el tipo de actividades, sin ninguna clase de aparatos electrónicos, de los protagonistas. La narración es sobria con algunas concesiones al lenguaje actual —los personajes repiten con frecuencia que las cosas «molan»…—. Las descripciones son sencillas y eficaces: el gato de la abuela «me sigue por toda la casa como si fuera un perro», en un momento de espera «las agujas del reloj avanzaban a velocidad de babosa».

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