Un puente hacia Terabithia

La norteamericana Katherine Paterson (1932-) es una de las mejores escritoras de relatos con protagonistas jóvenes que han de hacer frente a las «dificultades de crecer». Una de sus principales novelas, que plantea una situación dura, es Un puente hacia Terabithia.

Jess Aarons, once años, quiere ser el corredor más rápido de su clase pero, cuando hay una competición el primer día de clase, una chica nueva, Leslie Burke, vence a todos los chicos. Jess se hace amigo de Leslie y descubre con asombro que es hija única de padres cultos que han decidido instalarse en una casa de campo, sin televisión, porque han pensado «que estaban demasiado atrapados por el dinero y por el éxito y van a empezar a cultivar y a pensar en cosas importantes», según le dice la misma Leslie. Inspirándose en las Crónicas de Narnia, Leslie anima a Jess a construirse un lugar secreto, en el interior del bosque, un país mágico como Narnia en el «que la única manera de entrar fuera cruzar el arroyo columpiándose en esta cuerda encantada».

Todo se presenta ante el lector tal como el protagonista lo ve —el mismo título refleja eso—, lo que requiere una cierta capacidad de apreciar el sesgo con el que se muestran las cosas. En el relato Paterson plantea la importancia de la imaginación en la vida emocional de los chicos. Cuando Leslie introduce a Jess en su particular recreación de Narnia, a Jess le sucederá que «por primera vez en su vida se levantaba con ilusión. Leslie era algo más que su amiga. Era su otro yo, más interesante: el paso a Terabithia y a todos los otros mundos del más allá». Jess, un chico con grandes dotes naturales pero sin experiencia, tarda en darse cuenta de lo que significa su amiga Leslie para él, pero gracias al enriquecimiento de su imaginación sabrá ver el mundo como en realidad es: «Resplandeciente, enorme y terrible, hermoso y frágil».

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