Un lío de perros

Un lío de perros es un relato póstumo, francamente divertido, de la neozelandesa Margaret Mahy (1936-2012), con ilustraciones chispeantes de Tony Ross (1938-). Puede alinearse con otros en los que un ser extraordinario irrumpe en la vida de unos chicos y todo cambia.

Comienza cuando se mudan, casi a la vez, a la calle del Prodigio, un chico llamado Tom y un tipo curioso, Tomasz Mirabilis, que viene acompañado de un perro llamado Najki. Tom se hace amigo de Tomasz, que le deja que pasee a su perro y, junto a su amiga Sarah, descubre que, en presencia de Najki, los deseos se cumplen: así que han de ir aprendiendo a tener cuidado con lo que desean. En algunos tramos el narrador es Najki: dice, por ejemplo, que «llevo mi varita mágica conmigo. Siempre lo hago. Me crece ahí detrás, así que no me la puedo dejar en casa». Y, poco a poco, va quedando claro que está de lo más contento consigo mismo: «Soy tan increíble. El perro entre los perros»; «nadie puede decir que no hago todo cuanto puedo por los demás»; «a pesar de lo maravilloso que soy, también soy el más modesto del mundo».

La narración tiene tensioncillas: Tom y Sarah han de hacer frente a la banda de los Pateagatos; asisten a un emocionante partido de rubgy entre su escuela, La Carambola, y sus rivales de La Comadreja… También tiene chispa, con toques como «la verdad es que ver cómo tu mascota se convierte en un tigre te deja muy pensativo», o con descripciones como la de que en el rugby hay «melés embarulladas en las que da la impresión de que dos equipos de cangrejos marcianos locos se están empujando los unos a los otros»… Al final Tom aprende a reconocer lo maravillosas que son las cosas corrientes y tiene no sólo la «sensación explosiva de que el mundo era asombroso» sino, también, la de «que formaba parte de algo más asombroso que cualquier cosa que jamás hubiera podido desear».

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