Un camino de flores

Entre los álbumes excelentes que tienen como hilo conductor un paseo en el que van ocurriendo cosas uno es Un camino de flores, del ilustrador Sydney Smith para una idea del poeta JonArno Lawson, ambos canadienses.

Es un relato sin palabras en el que vemos a una niña y a su padre paseando por la ciudad. Mientras el padre habla por teléfono, su hija va recogiendo florecillas de colores que ve brotar en distintos sitios: junto a un poste, en un muro, entre las baldosas del suelo, al pasar un puente y un túnel… Al principio todo lo vemos en blanco y negro salvo el abrigo rojo de la niña. Luego el color llega con las flores y, poco a poco, va surgiendo en más lugares: en un puesto de frutas, en el vestido de una mujer (que lee un libro mientras espera el autobús)…; y, en especial, según la niña va dejando las flores en distintos sitios —junto a un pájaro muerto que ve al atravesar un parque, junto a un vagabundo dormido…—.

El ritmo del álbum lo marca el número de ilustraciones que hay en las páginas. A veces hay una sola ilustración con todo el panorama de la calle o del parque o del barrio en el que viven los protagonistas; en otras dobles páginas hay varias viñetas que siguen los pasos de lo que ocurre o que, a veces, muestran aspectos de la misma escena, con planos de detalle o primeros planos, y desde distintos puntos de vista. Se transmite bien cómo los gestos de cuidado, afecto y cordialidad de la niña, con las flores y los animales, con quienes no conoce y con sus padres y hermano, transforman el ambiente. Las escenas finales, con la llegada de la niña y su padre a casa, son un cierre magnífico: hacen pensar que la niña es como es también por el afecto familiar que se nos muestra.

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