Emilio y los detectives

Erich Kästner (1899-1974) consiguió un gran éxito con su primera obra, Emilio y los detectives, la primera de muchas semejantes que proliferarían en el futuro sobre niños que se ven envueltos y acaban resolviendo casos policiacos, y un relato mucho más consistente de lo que podrían pensar los lectores apresurados. Durante un viaje a Berlín en tren, un misterioso señor con un sombrero hongo le roba a Emilio Tischbein el dinero que llevaba para su abuela. Al llegar a su destino, su prima Pony Gorrito y una pandilla de chicos le ayudan a recuperar su dinero.

La novela comienza con aires de relato de nonsense, pero la narración se orienta pronto hacia una historia detectivesca de pandilla de chicos. El lector se ve atraído no tanto por la resolución del caso como por la simpatía y la naturalidad con la que se mueven y comportan Emilio y sus amigos. El lenguaje es sencillo y directo, aunque insultos como «majadero» o «bribón del demonio» no estén muy de moda. Kästner apuesta por la bondad de los niños y hace patente la ejemplaridad de sus pequeños detectives: «Un chico como es debido hace lo que debe», se nos dice. Los magníficos dibujos del ilustrador checo Walter Trier (1890-1951) añaden valor a la historia.

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