El oso y la liebre

Entre los muchos álbumes excelentes de la inglesa Emily Gravett son amables y apropiados para los lectores pequeños los protagonizados por El oso y la liebre, dos amigos con diferentes personalidades. En ¡De pesca! van de pesca con cañas y reces: lo intentan una y otra vez con poco éxito… En ¿Dónde está el oso? juegan al escondite: el oso no es muy hábil en sus intentos de ocultarse y, en cambio, sí lo es la liebre… En ¡Mío! la liebre encuentra una flor y no quiere compartirla con el oso, «pero al oso no le importó»; y lo mismo con otras cosas hasta que, cuando el oso no está presente, la liebre se abalanza sobre la miel de una colmena…

Son álbumes amables, sin la sofisticación posmoderna o el humor más sarcástico de otros álbumes de la autora, que se apoyan en unos extraordinarios dibujos, en la simpatía que desprenden los personajes, y en unos desenlaces satisfactorios para los más pequeños. También en que la ilustradora sabe dar las lecciones que pretende dar con talento gráfico y con simpatía, que es lo que hay que pedir a este tipo de minirelatos tan útiles para que los lectores pequeños piensen en su comportamiento.

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