Tania Val de Lumbre

Tania Val de Lumbre, de la noruega Maria Parr (1981-), tiene algo de versión actualizada de Heidi, que además es un libro que lee la protagonista, Tania, una chica de diez años, entusiasta y muy activa. Vive con su padre, granjero, en un valle de Noruega; su madre es bióloga y trabaja en una estación en Groenlandia. Su mejor amigo es el viejo y solitario Gunnvald. Su gran enemigo es el propietario de un camping al que no pueden acudir niños. Las cosas toman un aire distinto cuando Gunnvald sufre un accidente, debe irse al hospital, y entonces aparece una mujer que parece ser su hija.

La narración tiene mucho encanto. Por un lado, el de la incombustible protagonista, «el pequeño terremoto de Val de Lumbre». Por otro, el de varios personajes, que si parecen, e incluso son, hoscos, luego demuestran tener buen corazón. Además, abundan las pequeñas descripciones estupendas: así, cuando Tania intenta, esquiando, una maniobra imposible sucede que «aterriza de bruces en la nieve. Parece una gominola en una tarta de cumpleaños con exceso de nata»; o cuando va a ver a Gunnvald al hospital y ve que no está de humor, se subraya que «hoy también está más cruzado que un crucigrama».

El relato se fija también en los sentimientos de afecto que siente Tania pero también hace notar cómo a veces se sorprende al descubrir reacciones egoístas, e incluso malas, en su interior. De fondo, como en tantos libros nórdicos, quedan claros los sufrimientos de los niños ante los comportamientos desleales o de falta de afecto de sus padres. Son varias las situaciones en las que esto se pone de manifiesto. En una de ellas, Tania riñe a su amigo Gunnvald diciéndole que «¡el que es padre, es padre para toda la vida! No se puede dejar de serlo cuando ocurre algo que no nos gusta». La edición es magnífica y las ilustraciones, de algunos momentos de la narración, son muy apropiadas.

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