La espada y la rosa

Antonio Martínez Menchén (1930-), con La espada y la rosa, muestra cómo construir una historia sencilla sin falsear la realidad histórica. Al final del  relato cita las fuentes que ha utilizado como, entre otras, la obra del historiador holandés Johan Huizinga titulada El otoño de la Edad Media, un libro de referencia por la ecuanimidad y profundidad de sus juicios, y por la sabiduría literaria con la que están engarzadas anécdotas y textos de la época.

Baja Edad Media. Al monasterio en ruinas donde viven el ermitaño Martín y el joven Moisés, llega Gilberto, un caballero enfermo, antiguo cruzado. Recuperada la salud, Gilberto reemprende su peregrinación a Santiago acompañado por Moisés. En una parada del viaje, Gilberto descubre una señal en el cuerpo de Moisés, que le revela su origen noble. Decide, por esa razón, desandar el camino para llevarle a sus posesiones. Jalonan el relato varios relatos cortos, contados por diversos personajes.

Empleando el viaje como imagen de la vida y como forma de conocimiento, y recurriendo a textos literarios del momento, el autor efectúa una creíble reconstrucción histórica. A lo largo del camino se van poniendo en boca de unos y otros distintas leyendas populares, que se integran con fluidez en una narración que conjuga sencillez y profundidad. El narrador, Moisés, habla de un tiempo en el que viven entremezcladas supersticiones y verdadera religiosidad, brutalidad y delicadeza de espíritu, y reflexiona con perplejidad y fe ante la realidad del sufrimiento humano: «Señor y Dios mío, ¿cómo puedes permitir que ocurran cosas como éstas? ¿Por qué permites que existan criaturas tan desgraciadas como Jacques? […] Acaso no se sienta tan desgraciado como yo lo veo. Nadie puede conocer los designios del Señor ni hasta dónde puede alcanzar su misericordia».

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