El fantasma de Canterville y otros cuentos

El fantasma de Canterville y otros cuentos contiene catorce relatos de Oscar Wilde (1854-1900). Entre otros, aparte del que se indica en el título, El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, El gigante egoísta, El cohete ilustre (o El insigne cohete, en esta edición). Una edición con esta tal vez no es la mejor para inducir al lector más joven a leer los relatos, a quien sería mejor dárselos uno a uno y con ilustraciones sugerentes, pero sí es práctica para tenerlos todos al alcance de la mano.

El fantasma de la mansión que perteneció a Lord Canterville se desconcierta cuando la casa es comprada por un estadounidense: acostumbrado a ser temido se ve impotente ante la vulgaridad y la grosería de los traviesos gemelos, menos mal que su hermana Virginia le compadecerá. El Príncipe Feliz es una estatua en la que posa una golondrina que, delicadamente, averigua el motivo de sus sufrimientos: la miseria de la ciudad. El ruiseñor y la rosa trata de un ruiseñor que oye a un joven estudiante lamentarse de que no haya ninguna rosa roja en su jardín. El Gigante egoísta es un dueño de un hermoso jardín del que expulsa a unos niños que jugaban allí y, entonces, en su jardín es siempre invierno; hasta que un día ve a un niño muy pequeño en el jardín que no puede subir a las ramas del árbol en el que jugaban los demás. En el programa de festejos de una boda real se espera un grandioso espectáculo de fuegos artificiales; a la espera de su intervención, los fuegos artificiales hablan entre sí y El cohete ilustre habla de la suerte que tiene el hijo del Rey por casarse precisamente cuando le van a disparar a él.

Wilde compuso estos cuentos a base de diálogos ingeniosos y descripciones breves pero vivas, conjugando los acentos orales con una gran economía de lenguaje y con una clara intención de comunicarles significados profundos. El tono y los episodios más característicos de El fantasma de Canterville son bromistas, pero Wilde también quiere recordar que un ser patético sólo puede ser salvado por la inocencia. El príncipe feliz es uno de los cuentos donde mejor se nos enseña la estrecha relación entre la verdadera belleza y el olvido de uno mismo. El ruiseñor y la rosa ha quedado, entre otras cosas, como una excelente presentación de la inconsciencia estúpida. El Gigante egoísta es un cuento con multitud de resonancias: el jardín secreto de cada uno en el que hay que dejar entrar a los niños, el niño que devuelve con creces al Gigante la generosidad que una vez tuvo con él… El cohete ilustre, además de ser una especie de autoburla de sus propias poses, es un cañonazo de Wilde contra las vanidades ridículas, en particular las que proceden de la conciencia de pertenecer a una clase social más alta y la propia del intelectual pagado de sí mismo.

Deja un comentario