Danny el campeón del mundo

Danny, el campeón del mundo no es uno de los relatos más conocidos de Roald Dahl (1916-1990), pues no hay en él irrupciones de lo fantástico, pero su prosa es igualmente chispeante y tiene un argumento divertido.

Danny, que es el narrador, cuenta que su madre falleció cuando era pequeño, que su padre era el «más maravilloso y estupendo que pueda haber tenido niño alguno», y que le ayudaba en su trabajo en la gasolinera y el taller; «debes ser el mejor mecánico del mundo de cinco años», le decía su padre. Cuando tiene nueve años, sin embargo, descubre un secreto de su padre: que siente pasión, y considera todo un arte, la caza furtiva de faisanes en el bosque del odioso señor Hazell. Cuando el padre de Danny se plantea arruinar la gran cacería de inauguración de la temporada que convoca el señor Hazell, a Danny se le ocurre un sistema original para conseguirlo al que llama «La bella durmiente».

Como en sus demás libros, también en este Dahl pinta unos personajes vivos y logra interesar con muy pocos trazos, al modo en que lo hacen también los dibujos abocetados de Quentin Blake que acompañan sus historias. En este relato hay personajes y rasgos típicos suyos: carga la mano en la pintura del profesor Lancaster, para presentar su fuerte rechazo a toda violencia y autoritarismo en la educación, y lo hace también en el señor Hazell, un tipo antipático al que los lectores enseguida le desean lo peor. Es una interesante rareza, inadmisible e impensable para cualquier autor que no sea Dahl, que los héroes de un libro infantil actual cacen y que, además, lo hagan masivamente y con tan buena conciencia como Danny, su padre y buena parte de sus vecinos (para quienes no parece haber nada mejor que un buen faisán asado).

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