¡Esa fruta es mía!

¡Esa fruta es mía!, de Anuska Allepuz, habla de cinco elefantes, cada uno aficionado a un tipo de fruta —mangos, cocos, kiwis, plátanos, piñas—, que un día ven un árbol nuevo con una fruta deliciosa (con aspecto de pera). En la parte inferior de las dobles páginas, con letras más pequeñas, se ven cinco ratoncitos que se fijan en lo mismo —«¡Eh, mirad ESO!»— y, juntos, empiezan a subir por el árbol arriba mientras los elefantes, que siguen ocupando casi todo el espacio en las dobles páginas, van intentando conseguir la pera, cada uno a su aire, sin éxito.

El álbum es excelente porque los animales son simpáticos y están bien individualizados, cada uno con su color; porque los animales y los árboles se presentan sobre fondos blancos, lo que da claridad narrativa al relato sin dejar de mostrar que la selva es exuberante; porque la tipografía está bien usada para mostrar quién habla y cómo lo hace. La historia también transmite, de modo natural y con aires de comedia, el mensaje de que a veces es importante cooperar y trabajar conjuntamente para conseguir las cosas.

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