Vamos a cazar un oso

Vamos a cazar un oso, una conocida canción infantil inglesa propia de actividades de aire libre, fue convertida por Michael Rosen (1946-) y Helen Oxenbury (1938-) en uno de esos álbumes ilustrados con éxito permanente. En él vemos que un padre y sus cuatro hijos salen a cazar un oso y deben atravesar un prado, —suish, suash—, un río, —gló, gló, glorogló—, una zona de barro —plochi, plochi, plop—, un bosque —túpiti, túpiti, tap—, una tormenta —¡suuu! ¡uuuu!…—, y entrar en una cueva…

La historia se narra con versos simpáticos y humorísticas ilustraciones a doble página: dibujos a carboncillo que van con el texto principal y grandes acuarelas que van con los sonidos que corresponden a los escenarios que deben atravesar los protagonistas. El rápido regreso a casa del final se cuenta con ilustraciones más pequeñas, acumuladas en las páginas al modo de las viñetas de cómic con el fin de acelerar la lectura de acuerdo con el ritmo que marca de la historia. Es un cuento perfecto para leer en voz alta o para compartir con un niño y reproducir con él los sonidos que se indican y que tan bien traducidos al castellano están. Esto, unido a la fuerza que tienen las ilustraciones para sugerir una vida familiar alegre y animosa, puede convertir este álbum en uno de los cuentos que se recuerdan con afecto a lo largo de la vida y de los que siempre gusta tener en la biblioteca.

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