Pollyanna

Pollyanna, de Eleanor Hodgman Porter (1868-1920), es un «clásico» infantil que vale la pena conocer en la edición completa que cito (aunque portada e ilustraciones no parecen las más adecuadas para el tono de la historia). La heroína es Pollyanna Whittier, huérfana, que es enviada junto a su amargada y solterona tía Polly Harrington, a la ciudad de Beldingsville, Nueva Inglaterra. El talante optimista de Pollyanna, que dice que «siempre hay algo por lo que alegrarse si se sigue buscando el tiempo suficiente como para encontrarlo», acaba ganándose a todos: a Nancy, la empleada de su tía, al huraño señor Pendleton, a la irritante señora Snow, e incluso logra conmover y acabar «ennoviando» a su tía.

Novela sentimental y colorista que presenta la naturalidad y bondad del niño como lo contrario al mundo de los adultos, y como revulsivo para una transformación alrededor, del mismo modo que, por ejemplo, la logra Heidi. Aunque todo esté algo exagerado, lo cierto es que, aunque Pollyanna sea tan dicharachera que a veces se queda sin aliento, resulta una chica graciosa y encantadora. De su padre aprendió a descubrir motivos de alegría en todas las cosas, a recibir los castigos como recompensas, a disfrutar en el trato de las personas raras y chocantes… Con ese modo de ser, y su capacidad para dar respuestas asombrosas, es capaz de consolar a la persona más triste y no es extraño que toda la ciudad acabe agradecida. Pero, como se pondrá de manifiesto al final del relato, Pollyanna consigue su buen talante con esfuerzo, no siempre le resulta tan sencillo.

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