No es una caja

No es una caja, de la norteamericana Antoinette Portis, es un álbum que muestra bien el mundo imaginativo de un niño, cómo su cabeza va por caminos impensables para los adultos, o para ciertos adultos.

La dedicatoria dice: «Para todos los niños que juegan con cajas de cartón». Luego, en cada par de dobles páginas se repiten diálogos semejantes: en la página de la izquierda va una pregunta de adulto: «¿qué haces sentado en esa caja?», y en la derecha se ve al protagonista, digamos que un conejo, con la caja en la mano; en la siguiente página izquierda el conejo dice: «no es una caja», y en la derecha se ve al conejo y a la caja silueteados en negro casi en la misma postura que en la ilustración anterior pero, encima, silueteado en rojo, sobre la caja y envolviendo al protagonista, un coche de carreras.

Las imágenes son sencillas, y las preguntas y las respuestas encajan siempre bien. La portada y la contraportada, igual que las páginas donde van las preguntas del adulto, tienen la textura del papel propio de las cajas de cartón, como para mostrar la visión realista de las cosas y para contrastar con los colores y la textura de las páginas que presentan la imaginación del niño.

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