Las aventuras de Tom Sawyer

Hace unos meses se volvieron a publicar, en edición facsímil, Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain (1835-1910), libro que hace varias décadas había salido en la colección Laurín. Entre otros, tiene el interés de que cuenta con las ilustraciones del amigo de Twain, True W. Williams, que acompañaron al libro en su primera edición.

La novela se ambienta en Petersburgo, un pueblo en las ribera del Misisipí. Tom Sawyer, un chico imaginativo y revoltoso, vive con su tía Polly y forma tándem con Huckleberry Finn, el hijo del borracho de la ciudad, temido por todas las madres del lugar. Primero se suceden distintas travesuras —en la escuela, en la iglesia…—, pero siempre llega un momento, dice la narración, en que todo chico normal desea ir en busca de un tesoro escondido.

Si muchos libros de Twain tienen bastante de autobiográficos, esto se nota en particular en este y en Las aventuras de Huckleberry Finn —un libro mucho más poderoso e importante—, obras que nacen de sus recuerdos y de su nostalgia del pasado. Es una novela con una carga de humor irónico y una notable frescura que le sigue dando un atractivo permanente. Es también el relato que, aunque no lo sea estrictamente, se suele poner como el iniciador de los muchos que tendrán como héroe a un «niño malo», simpático pero ingobernable.

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