La ola, Sombras, Espejo

La ilustradora coreana Suzy Lee es autora de algunos de los mejores álbumes ilustrados de los últimos tiempos. Entre ellos son imprescindibles La ola, Sombras y Espejo, una trilogía de álbumes sin palabras, del mismo tamaño y con la misma niña como protagonista, que la autora comentó en su libro La trilogía del límite.

En La ola la primera escena muestra una madre que va con su hija pequeña a la playa y luego ya vemos todo el álbum a la niña jugando frente a las olas: en la izquierda la niña, en la derecha las olas…; la última escena es la madre con la niña, yéndose. Sombras, un libro de formato apaisado con el canto de la encuadernación en la parte superior, presenta a la misma niña en la parte superior de la doble página, rodeada de objetos, en lo que parece ser una especie de desván, mientras en la parte inferior vemos las sombras de todos esos objetos; cuando la niña empieza a moverse y jugar con los objetos y, lógicamente, también las sombras de abajo van moviéndose, y, poco a poco, ambas áreas se mezclan y llega el colorido. En Espejo la niña se mira en un espejo, representado por el pliegue central del álbum, y juega delante de él: la protagonista y a su imagen, iguales al principio, van cambiando…

Las ilustraciones son dibujos a carboncillo sobre fondo blanco, que están llenos de dinamismo y captan muy bien los movimientos y miradas y sentimientos de las protagonistas, y acuarelas encima de los dibujos, en tonos azules en La ola, en el amarillo de la luz incandescente en Sombras, en tonos naranja en Espejo. En La ola resulta magnífico el cambio del cielo, de blanco a azul, cuando la ola ha traspasado el centro de la doble página. En Sombras es excelente que se abra y cierra con el «¡Click!» de una lámpara al encenderse y apagarse que figura en las guardas. En Espejo, un álbum agridulce, son extraordinarias las dobles páginas finales de la ruptura del espejo, como lo es por otros motivos la doble página central en blanco.

La ola puede leerse como una metáfora del gozo y del riesgo propios del conocimiento del mundo, que se puede abordar con seguridad gracias a la presencia de una madre detrás, a la que no se ve más que al comienzo y al final. El argumento de Sombras se puede alinear con Donde viven los monstruos por la forma en que la protagonista entra en su propio mundo imaginativo, y con las historias en las que los juguetes cobran vida propia cuando nadie les ve. Espejo habla del momento en que una niña deja de serlo y percibe que su yo real y su imagen, o la imagen que tiene de sí misma, van por caminos diferentes.

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