La isla del tesoro

La isla del tesoro, para muchos la novela que ocupa la cima de la literatura juvenil, la compuso Robert Louis Stevenson (1850-1894) por encargo de su hijastro.

Siglo XVIII. A la posada regentada por la madre de Jim Hawkins llega un día un extraño huésped. Jim descubre su secreto: un plano que revela el lugar donde se oculta un tesoro pirata. Cuando aquél personaje muere a manos de viejos camaradas, Jim se queda con el plano. El deseo de hacerse con el tesoro prende también en los personajes respetables de la localidad, que montan una expedición en su busca. Pero durante la travesía en la Hispaniola, la casualidad hace que Jim, escondido dentro de un barril, escuche los planes de la tripulación de arrebatarles el tesoro.

El relato en primera persona da verosimilitud a lo contado y exige que los personajes se vayan dibujando de manera indirecta, sin entrar en su intimidad. Está magistralmente logrado el clima de misterio e intriga, es todo un hallazgo la calculada ambigüedad de los personajes, y es también la historia de un viaje —el viaje como destino— y de un aprendizaje de la vida. Jim Hawkins va dejando atrás su timidez, y adquiriendo progresivamente valentía, prudencia y madurez.

La edición que cito tiene la ventaja de contener las ilustraciones del norteamericano N. C. Wyeth (1882-1945) para una edición de 1911, que fueron las que le hicieron famoso, y una selección de imágenes que pusieron a esta novela otros famosos ilustradores.

Deja un comentario