La idea más maravillosa

La idea más maravillosa, de la ilustradora canadiense Ashley Spires, tiene una dedicatoria que orienta la lectura: «Para todos los pequeños perfeccionistas del mundo». Los protagonistas son una niña y su ayudante, un perro. La niña tiene una idea, que no sabemos cuál es, y decide construirla. Se pone a ello pero no le gusta el resultado y lo intenta una y otra vez. Los vecinos la observan y, por lo que vemos, nadie le dice nada. Hasta que se cansa y se rinde… Pero su ayudante le propone dar un paseo y, entonces, ve que algunas cosas no están tan mal y vuelve a la carga.

Hay muchas cosas interesantes en el álbum. Gráficamente, que las figuras, simpáticas y que ponen de manifiesto bien sus emociones, están presentadas contra fondos simplemente dibujados y tienen mucho espacio en blanco alrededor; que la claridad de la narración se apoya en que alterna ilustraciones grandes con otras en las que todo se cuenta con viñetas sucesivas. En el argumento, que habla bien de iniciativa, inventiva, de empezar y volver a empezar diga lo que diga la gente de alrededor.

Pero, sobre todo, destaca mucho y resulta graciosa la enorme riqueza de vocabulario: la niña «manipula, martillea y mide», mientras el perro «salta, gruñe y mordisquea»; «alisa y atornilla y toquetea», mientras el perro «da rodeos, tirones y meneos»; en una doble página con seis imágenes de la heroína trabajando, leemos «sierra y pega y ajusta», «se levanta y examina y observa», «retuerce y retoca y aprieta», «Arregla y endereza y estudia»…

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