La Filarmónica se viste

La Filarmónica se viste, con texto de Karka Kuskin (1932-2009) e imágenes de Marc Simont, es un magnífico álbum, de los que hacen comprender un trabajo, de los que muestran no tanto el trabajo como las personas que lo realizan, de los que hacen pensar al niño un «a mí me gustaría estar ahí en el futuro».

Viernes, casi de noche. Ciento cinco personas se preparan para ir a trabajar: son los miembros de la Orquesta Filarmónica. El álbum va contando y mostrando las rutinas que siguen todos ellos —dando el número de personas que actúan de un modo u otro: «veintisiete hombres se ponen pajaritas que ya están atadas», «los otros noventa y dos hombres se ponen la chaqueta de su esmoquin», «los ciento cinco hombres y mujeres se despiden»…— hasta que comienza su concierto, a las 8,30 de la noche.

El texto es corto y va bien integrado en las dobles páginas. En muchas de ellas se ven a distintos miembros de la orquesta, cada uno con sus rasgos físicos propios, con unos dibujos, sueltos, simpáticos, que demuestran una excepcional capacidad para captar a cada uno en una postura característica. Se presta un poco más de atención al director y, amablemente, se subraya que tiene una clara conciencia de su propia importancia. Entre las ilustraciones a doble página es destacable la que muestra, en la parte de abajo, los camerinos con algunos músicos recogiendo sus cosas, en la izquierda una escalera de caracol por la que suben varios, y en la parte superior, el escenario en el que hay ya varios músicos y otros que van accediendo.

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