El signo prohibido

El signo prohibido, de Rodrigo Muñoz Avia (1967-), tiene como narrador a Jorge, un chico de diez años muy aficionado a los juegos de palabras debido a que su padre, librero, le ha contado muchas cosas del escritor francés Georges Perec. Esto explica que a Jorge, como sabe que Perec escribió un libro sin usar nunca la letra e, se le ocurra la increíble idea de no usar la letra a en sus conversaciones cuando desaparece misteriosamente su amiga y compañera de clase Aleksandra, de origen ruso, que vivía en una residencia para chicos sin familia.

Igual que otros narradores del autor, Jorge resulta ingenioso, ameno, y sabe transmitir al lector la inquietud que siente por su amiga. También, de paso, hace comentarios de interés para los educadores. Así, cuando su madre se pone nerviosa porque Jorge habla sin usar la a, y su padre le contesta que así Jorge demuestra creatividad, Jorge señala: «Creo que oír la palabra “creatividad” la tranquilizó mucho. Ella se queja siempre de lo poco que se valoran la creatividad y la imaginación en nuestro sistema educativo». Además, todo conduce a momentos finales tan emocionantes como los de cualquier persecución de thriller.

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