El pequeño cuervo y la luna

El pequeño cuervo y la luna, de Marcus Pfister, es una muy buena historia, entre otras cosas, porque tiene un argumento y un tipo de narrador infrecuentes en los libros infantiles: el del dolor y la petición de perdón por haberse portado mal con otro por envidia, y el de que la historia se cuente como un suceso del pasado que se recuerda.

Unos viejos cuervos hablan del pequeño cuervo de alas plateadas, el último en salir del cascarón. El narrador dice que los mayores y él mismo le gastaron bromas pesadas. Cuenta que volaba tan bien que todos se dieron cuenta enseguida que se convertiría en el mejor. Pero cuando un día les pidió jugar con los mayores, le dijeron que, antes, tenía que volar hasta la luna igual que habían hecho antes ellos cuando tenían su edad. Y esa noche el narrador tuvo un sueño…

Álbum en el que la marca de la casa del autor —que recordará quien haya leído El pez Arcoiris— está muy bien empleada. En medio de la historia se da una ruptura que, gráficamente, se aprecia en que, hasta ese momento, todas las ilustraciones habían sido sobre fondo blanco pero, después de una página solo con texto en la cual el narrador habla de lo que soñó, en la página de la derecha se ve al pequeño cuervo mirar a la luna plateada y brillante y, en la siguiente doble página, el pequeño cuervo se siluetea contra una luna plateada gigante y sus alas son plateadas también…

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