El mago de Oz

El mago de Oz, de Lyman Frank Baum (1856-1919), es un clásico de la literatura infantil norteamericana. Su heroína, Dorothy en la edición que cito, o Dorotea en otras traducciones, es arrastrada por una tromba de viento hacia el país de Oz. En compañía de su perro Toto, el Espantapájaros, el Leñador de Hojalata, y el León cobarde, viaja hasta la Ciudad Esmeralda, en busca del mago de Oz, el único que puede hacerla regresar a Kansas, conceder un cerebro al Espantapájaros, un corazón al Leñador, y valentía al León.

Sin pretensiones didácticas explícitas, con lenguaje sencillo y directo, con rapidez y escasas descripciones, Baum emplea tópicos propios de los cuentos de hadas para expresar, de una forma novedosa, el sueño americano de la confianza en uno mismo y su lado inquietante del embaucador que basa su poder y su fortuna en la mentira. Si su escritura no es excelente, tanto sus contenidos como la definición de sus personajes sí resultan memorables, y de ahí el impacto de su obra.

La edición que menciono, una de las últimas en el mercado español, tiene ilustraciones en blanco y negro de William Wallace Denslow (1856-1915), un conocido pintor «Art Nouveau» amigo de Baum. Que yo sepa no hay ahora, como hace unos años, ediciones con las sugerentes ilustraciones de Denslow en color, tan inseparables de El Mago de Oz como las de John Tenniel de los libros de Alicia.

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