El chico más veloz del mundo

La escritora británica Elizabeth Laird (1943-), que vivió unos años en Etiopía, es autora de una novela que se desarrolla en ese país titulada El chico más veloz del mundo.

Su protagonista y narrador, Solomon, habla de cuando era niño, tenía once años, y vivía en su pueblo de Kidame, con sus padres, su hermana y su abuelo. Todo comienza cuando su abuelo, ya bastante mayor, decide que lo acompañe a Adís Abeba pues tiene que hacer una gestión por cuyo contenido nadie le pregunta, pues la autoridad del abuelo es muy grande y, además, no es una persona de trato fácil. Hacen los dos el viaje y, con ayuda de unos y otros, logran llegar a su destino, pero el abuelo no se encuentra bien. Después de distintos incidentes Solomon tendrá que volver a su pueblo en busca de su padre y, como tiene problemas con el autobús, irá corriendo los casi cuarenta kilómetros.

Excelente relato: por su contenido, por su tono divertido pero con un punto de solemnidad, por lo bien que retrata tanto el mundo interior de Solomon como los ambientes y usos locales. Los obstáculos se suceden uno tras otro y el lector ve cómo el héroe les hace frente con entereza, pero también con temor, y cómo, de capítulo en capítulo, van desvelándose cosas del pasado del abuelo que sus más allegados desconocían (y por muy buenas razones, como se verá). Quedan claros los modos de ser de los personajes igual que la forma que adoptan las relaciones familiares y sociales en el país: respeto hacia los ancianos, valor que se da a la buena educación, comprensión ante las travesuras de los chicos, admiración de todo el país hacia los grandes corredores como Haile Gebrselassie o Derartu Tulu.

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