El bandido Saltodemata

Otfried Preussler (1923-2013) introdujo de nuevo la fantasía en los años cincuenta en Alemania y precedió a Michael Ende y otros autores alemanes en la reivindicación del valor de los relatos de fantasía en el tiempo de la posguerra, cuando ese tipo de historias se veían como escapistas. Sus relatos se apoyan en abundantes diálogos y una prosa colorista, con sentido del humor y acentos poéticos.

Los libros infantiles de El bandido Saltodemata y sus amigos pertenecen a un subgénero que cabría llamar «aventuras de fantasía disparatada». En esta primera historia, Saltodemata roba un molinillo a la abuela; el nieto y un amigo intentan recuperarlo, pero son capturados por Saltodemata; después de distintas vueltas y revueltas, logran entregar a Saltodemata al policía Matamicrobios.

Es un relato eficaz. No tiene golpes de ingenio especialmente graciosos, pero los sucesos y los diálogos son ágiles, y los personajes caen simpáticos. Aunque la nueva traducción ha cambiado y actualizado los nombres, se le nota el paso del tiempo, debido a que el ambiente campesino de hace ya décadas resulta menos familiar.

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